Y de vez en vez acudía a su recuerdo y callaba,
porque en el silencio todo era más vivo, porque la tenía más presente, más aquí
menos allá; hasta creía tocarla, rozarla con mis manos, lleno de desespero por
el tiempo ido. Era feliz entonces, jugando con usted en mi memoria. Pero de eso ya hace tiempo, uno
olvida o se acostumbra a estar solo, no sabría explicarle por qué, ni mucho
menos qué pasó conmigo, pero ya no es como antes, como lo hubiera querido. Es
tiempo perdido, sabe, uno espera y espera y de pronto ya no se sienten las
mismas ganas; a veces, luego de unos años, todo es más cuestión de orgullo,
porque eso es lo que se quiere de uno y a mí no me gusta defraudar a la gente;
así que seguí pegado a su recuerdo, aunque ya no sintiera lo mismo.


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